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Un café más tarde de lo previsto me he levantado esta mañana, he encendido el ordenador con las neuronas todavía tarareando las canciones de Vetusta Morla del concierto del sábado en Alicante, recuerdos todos aderezados con evocadores sueños de Juliette Lewis chupándome el pulgar (a pesar de su limitado y casi inexistente talento musical, hay que reconocerle que le pone muchas ganas: mucho alcohol, muchos porros y mucho calor hacen que Juliette sea la nueva Tina Turner). Dentro de todas las chorradas con las que el periódico castigaba había una que me ha estremecido, un estudio de una “prestigiosa” universidad nacional (si pudiese, lo primero que hacía era arrasar con todas las universidades actuales, todas dan asco, menudo montón de mierda), aseguraba que la marihuana producía pérdida de memoria, lo que no aseguraban era si se trataba de un efecto inmediato, o era un efecto más a medio o largo plazo. Así que he decidido hacer un estudio de contraataque para ver si tiene o no razón la UPF (yo la llamaría “La uff!”). Me he escogido como individuo a estudiar pues creo que mi consumo de cannabis desde que ingresé en la universidad hasta que me he convertido en un hombre de provecho, ejecutivo de una gran multinacional, ha sido notable. Así que para los efectos a medio y largo plazo tengo mi historial de consumo desde el año 90 hasta el año 2007, y para los de corto plazo tengo los consumos de los años 2008 y 2009, además con la reciente ingesta realizada en el concierto del sábado pasado para evaluar los efectos a corto plazo. Así que empecé con lo más reciente, para ver si era cierto lo de la pérdida de memoria a corto plazo. Conclusión: la marihuana no produce pérdida de memoria a corto plazo. Recordé todo lo que hice el sábado, incluso que en vez de entrar a ver a Nacho Vegas nos fuimos a emborracharnos indiscriminadamente, doparse para ver a la Lewis, que no todos estamos preparados para tal dosis de….. (espacio dejado al lector para que refleje aquel calificativo que más le convenza para describir a “la artista antes conocida como Juliette Lewis”). Después actuaron Vetusta Morla, y además de tocar tres nuevos temas, no cantaron “Pequeño Desastre Animal”. Después recuerdo que volví en tranvía a casa a las 6 y media de la mañana, y que me levanté y puse una lavadora con sábanas y toallas, además de recoger los últimos cartones de los muebles de Ikea (cartones en el contenedor azul y plásticos en el amarillo). Después coger el coche para desplazarme desde (A) hasta (AL) y llegar a tiempo de comer migas con sardinas (sí, migas en verano, algo que en todo este tiempo no he comprendido y sigo sin comprender). Una vez echado por tierra el estudio a corto plazo había que evaluar el estudio a medio y largo plazo. Para ello era necesaria la realización de un esquema que ayudara a entender todo esto. En dicho esquema los protagonistas eran: Marihuana, Michael Phelps, Ignatius J. Reilly, Prince. La marihuana era el hilo conductor del estudio. Teniendo en cuenta que ayer finalizaron los mundiales de natación y que Phelps había ganado un cojón y medio de medallas, recordé que hace seis meses fue pillado “in fraganti” dándose un homenaje cannabístico en el que estuvo riendo hasta altas horas de la madrugada, finalizando la fiesta con una orgía defenestradora en la nevera, abriéndola y dejándola más vacía que el corazón de la Pantoja. El bueno de Michael, después de la tensión a la que estuvo sometido en Pekín, que ni la muralla pudo ir a ver ni comprar relojes de imitación (y eso que le prometió tres quilos y medio de Trolex a su primo), necesitaba relajarse, y claro, viviendo en Baltimore… ¿qué se esperaba la gente? (N. del A.: ver esa obra maestra que se llama “The Wire”).

Conclusión 1: Fumar cannabis no te rebaja tus aptitudes natatorias si te llamas Michael Phelps. Entonces recordé que yo también me machaco en la piscina municipal de Aspe todos los días, como Michael Phelps, y fumo porros, como Michael Phelps e incluso más que él. Y es cierto, he conseguido rebajar mi marca de los 1500 a 29 minutos y en dos semanas debo pasar a 2000 metros para lograr el gran objetivo del mes de septiembre: 2500 metros en 50 minutos. Conclusión 2: Incluso no llamándote Michael Phelps, los porros no te hacen perder tus aptitudes natatorias. Michael ha demostrado que está muy por encima de rivales y trajes de baño. Algo así me pasa a mí, también estoy por encima de rivales, jefes, compañeros de trabajo y etcs varios. Michael tenía un montón de buitres alrededor que estaban dispuestos a comérselo con patatas en caso de que no hubiese ganado ni a los petos. Han utilizado argucias y estratagemas como trajes de poliuretano, “bolsas” de aire que proporcionaban los trajes de hasta un litro y un ansia tremenda de echarle en cara de “mira lo que te pasa por fumar porros”, que para eso estaba en Italia, y ya se sabe, allí se lleva mucho eso del “mira lo que te pasa” (leer Pinocho, cuando se emborracha). Hubo un tiempo que pensé que enfundándome un traje de poliuretano de esos podría conseguir mi objetivo, pero entre que estaría engañándome a mí mismo y a mis principios, y que si ya me siento ridículo con mi bañador de pata (slip no, gracias, y bañador de esos de la playa todavía menos, hay que ser patán para ir a nadar con un bañador de flores), sólo imaginarme mi orondísima figura enfundada en un trajecito de poliuretano… Y es que no hay nada como mantenerse fiel a los principios, ¡así me va en el trabajo! Y es que junto a la piscina y el cannabis, Michael y yo tenemos en común estar inmersos en un complot de imbéciles que pretenden bombardear nuestros objetivos. Pero ni “trajes de poliuretano impermeables”, ni bolsas de aire ocultas, ni fotos de periódicos malintencionadas.

Recordé entonces a otro ilustre orondo (reconozco que tengo obsesión con personajes relevantes y gordos: por lo pronto gana Tony Soprano), que tampoco nadaba con trajes de poliuretano, que nadaba en su bañera en vez de en piscina, pero que también luchaba contra la necedad universal, Ignatius J. Reilly. Con esto llegué a la conclusión tercera:

Conclusión 3: El cannabis no produce pérdida de memoria a medio plazo (lo desarrollo a continuación). Cuando llevo un tiempo sin leer, por diversos motivos, principalmente el trabajo; para retomar tan sana costumbre suelo coger alguno de los libros que siempre me reengachan. La conjura de los necios está en el lugar más alto de la lista. Otros son El guardián entre el centeno, 1984, Un mundo feliz (ahora), Gracias por el fuego, El Señor de los Anillos y Anthology de The Beatles. El caso es que cuando los vuelvo a leer me reconforta volver a sentir lo mismo que sentí la primera vez que los leí. Así que recordé que hace menos de un año volví a leer la joya de John Kennedy Toole y que evocó mi época universitaria más sesuda. Después seguí recordando mi época universitaria (pero no voy a ahondar en ella). Debido al odio que le tengo a mi época universitaria, empecé a evocar una época mucho más motivadora, divertida, pionera, descubridora y creativa: mi época en el instituto. Así que siguiendo con personajes que lucharon contra conjuras y emboscadas, y mezclándolo con mi época de descubridor llegué a ese personaje que para mí fue todo un descubrimiento con 14 años: Prince. Recordé los 15 vinilos que tengo de él, acordándome de las distintas situaciones en las que me hice con esa gran obra que el enano éste hizo entre 1978 y 1991 (incluso Batman y Graffitti Bridge). El genio de Minneapolis también luchó contra la conjura en la que estaba inmerso, pero a diferencia de Phelps, Prince Roger Nelson no consiguió triunfar, de hecho, tras aquellas disputas discográficas en las que se cambió el nombre dejó de ser creativo e imaginativo para mostrar su lado menos interesante. Da igual, 20 años después sigue siendo EL GRAN GENIO. Hoy, de hecho, he redescubierto una foto de una ”¿película?” suya llamada Under the cherry moon (es muy hortera, lo sé), en la que aparecía con él… ¡Kristin Scott Thomas! Casualidades de la vida. Así que después de tan truculento repaso a mi pasado llegué a: Conclusión 4: El cannabis no produce pérdida de memoria a largo plazo.

Desde aquí mi más sincera enhorabuena a los estudiosos de la Pompeu Fabra, no por el estudio, sino porque este blog lo leen dos amigos y yo, y esta experiencia personal totalmente contrastada nunca llegará a la comunidad científica. Pueden dormir tranquilos. Mientras, me seguiré deleitando con Prince. Ignatius vuelve y aprende de Phelps, os necesitamos.
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