En estos dos días se ha dado una “batalla” epistolar en El País por los derechos de autor. Los contendientes han sido Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Antonio Muñoz Molina. Todo comenzó con un discurso populista del expresidente extremeño en el que venía a plasmar la futilidad de las intenciones de la descerebrada ministra González Sinde y la nueva ley de protección de la propiedad intelectual, y lo del cierre de páginas piratas. Ibarra, que siempre se ha prodigado en discursos populistas, hace comparaciones más desacertadas que otra cosa, pero rompiendo una lanza a su favor, lo que expone claramente es que la lucha contra las descargas en Internet es una batalla perdida previamente por mucho que la Sinde lo intente. Eso sí, no se puede justificar que la gente descargue todo gratis y que no se pague a sus creadores. Hoy Antonio Muñoz Molina ha respondido a Ibarra. El escritor jienense tiene también razón. Lo único que le ha sobrado ha sido soberbia, complejo de superioridad y tendenciosidad por ser parte interesada. Antonio Muñoz Molina ha escrito algunos de mis libros favoritos, ha sido un escritor al que he admirado, pero al que es de aplicación la historia de Oiga Doctor, de su paisano y vecino Joaquín Sabina. Una vez que su buen hacer literario le ha encumbrado al más alto escalafón de “grandes pensadores” de España ha hecho de su capa un sayo, y como en Rebelión en la granja, y como Napoleón (uno de los protagonistas) se ha aprovechado de esa posición ventajosa. A partir de entonces hubo que distinguir entre el Muñoz Molina escritor y el Muñoz Molina personaje público, y ver cuán manifiesta era la diferencia entre sus novelas y las columnas vomitivamente politizadas con las que ensuciaba El País Semanal, y que hacían preguntarte ¿Éste es el mismo que hace catorce años escribió los artículos que se recopilaron en “El Robinson Urbano”?. Lo peor de todo ha sido el tono despectivo con el que se ha dirigido al populista Ibarra, le ha faltado iniciar su discurso del tipo: “Todavía no sé cómo me atrevo a contestar a una persona tan zafia como usted señor Ibarra”. No todos tenemos esa posición de privilegio desde la que hace tan mal uso Muñoz Molina, y sobre todo, hace un ejercicio de desprecio execrable sobre todos aquellos que, a su entender, no están a su nivel intelectual... Bueno, puede que no seamos tan inteligentes, tan cultos, y puede ser que prefiramos el Don Simón al Vega Sicilia Único, pero eso no quita ni honradez ni honorabilidad a nadie, y desde luego, no quita autenticidad. ¡Qué lástima tener que prostituir el talento por intereses mercantilistas! Porque la política también es mercado, no se engañe señor MM. Ibarra no nos ha sorprendido, ha escrito un artículo de opinión en su “línea editorial”, pero no lo vamos a crucificar (tarea tan fácil), y nos vamos a quedar con la esencia de su artículo, y eso es que la batalla de Internet la actual y clásica industria del entretenimiento tiene perdida. Muñoz Molina defiende los intereses de los autores, como tiene que ser, pero que no se piense que él, y como él todos los autores, son de una clase distinta a los demás. La industria del entretenimiento está en crisis, lo mismo que el negocio del ladrillo. Probablemente mucha gente tendrá que irse al paro: músicos, editores, papeleros, distribuidores, técnicos de sonido, etc... Ahora hay mucha gente que se ha ido al paro: oficiales, peones, fontaneros, carpinteros, escayolistas, electricistas,... Y no les quedará otro remedio que aguantar el chaparrón o cambiar de profesión. Y no he visto al señor Muñoz Molina, ni a ninguno de su gremio rasgarse las vestiduras porque un negocio como el del ladrillo se haya ido al garete. Pues con la industria del entretenimiento tendrá que pasar lo mismo, si no queda más remedio. La industria ha perdido la oportunidad de engancharse a las nuevas tecnologías porque sólo le ha interesado abusar de su posición de privilegio hasta que las nuevas tecnologías han democratizado los gustos. Por no cuidar al consumidor, ahora a ver quién es capaz de convencer a un niño de 15 años que tiene que pagar un euro por una canción para descargarla en su mp3, o tener que pagar 7 euros/mes para poder ver películas por internet, y todavía no se ha manifestado en todo su poder el libro electrónico. Lo que obvia el señor Muñoz Molina es que la Cultura ha existido siempre, a pesar de los avances tecnológicos, la que ha tenido que adaptarse ha sido la industria que gestiona esa Cultura. Y por supuesto, lo que ha sobrevivido o se ha impuesto han sido los genios. Lo que es lamentable, vomitivo, vergonzoso es que gente sin talento ninguno, gente que no valdría para los trabajos de menor cualificación, gente como El Canto del Loco, Bisbal, Bustamantes y triunfitos, escoria de la que sale en los 40 Principales, CINE ESPAÑOL EN GENERAL, escritoruchos del pelaje de Carlos Ruiz Zafón (manda cojones que este tío esté forrado escribiendo folletines que no serían creíbles ni en Arrayán) y otros, vivan Y MUY BIEN por ser mediocres en lo que hacen. Yo soy muy mediocre en mi profesión y no me da para irme a vivir a Miami. Y conozco a gente que son muy buenos en su profesión y tienen más que apuros para llegar a final de mes. Le recomendaría al señor Muñoz Molina que revisionara El viaje a ninguna parte, donde aquellos actores de teatro, movidos por el amor al arte se morían de hambre. La Cultura, entendida como negocio, históricamente ha sido muy injusta. Los grandes genios han sido asalariados de su talento, mileuristas de su época, y murieron arruinados, lo que es injusto. Pero igual de injusto es que las personas con menos talento del mundo como El canto del loco estén hasta las pestañas, y grandes obreros y CURRANTES CON MAYÚSCULAS de la construcción estén ahora sin llegar a fin de mes. No veo a todos estos “intelectuales” echándose a las calles para que nos obliguen a comprar todas las construcciones que están sin vender para que esta gente viva. A ellos lo mismo, el modelo de industria en el que están ha llegado a su fin, así que citaremos la famosa frase del renovarse o morir. Ayer Indalita me descubrió Anobii, herramienta de internet que sirve para hacer mil veces más rápido lo que ha movido al mundo editorial, el boca a boca. El señor MM no ha comentado nada de ésto. Supongo que estará también en contra de que yo pueda recomendarle a alguien de Vigo, a quien no conozco personalmente, que se lea El Robinson urbano. Supongo que porque prefiere hacerlo él personalmente yendo de puerta en puerta... ¡ah no!, que él no era vendedor de enciclopedias. Esa publicidad que se ahorra, ¿a mí me supondrá un descuento en la adquisición de su última novela? Lo dudo. Lo que hay que hacer es buscar soluciones imaginativas y adaptarse al medio, pero está muy jodido, y probablemente la producción para los próximos años se resentirá, pero que no nos engañen, los primeros instigadores a la piratería ha sido la propia industria que ha abusado y mucho durante muchos años. Lo del cine, es más triste, pero bueno, y siento ser así de cruel, si el cine español se tiene que ir al carajo, que se vaya, estoy harto de que se subvencione con mis impuestos productos tan patéticos. Entiendo que será la disciplina artística peor parada. Y Amenábar ya lo dijo en Tesis, el cine es industria y hay que darle al espectador lo que quiera. LA PALABRA ES NEGOCIO
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